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Mostrando entradas de diciembre, 2025

¡Santo Domingo, Robin!, por Juan Carlos Capurro

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  O de cómo la novela de Cantini, “El huevo de la yarará”, descubre un nuevo género literario:  el desconcierto salvaje  Todo comienza en Ezeiza, cuando un psicólogo entrenado en el exilio sueco, regresa a Buenos Aires para cumplir con un encargo. El comienzo es tranquilo. El argentino llega al país de sus padres. O eso creía, hasta que luego de unas pocas páginas lo que le va ocurriendo entra en un terreno que, si dijéramos que es fantástico, no diríamos nada. Porque se entra, como en Lewis Carroll, al otro lado del espejo. Salvo que en lugar de conejos enormes y huevos que hablan, acá nos encontramos con todos los problemas de la Argentina.  Por suerte, en lugar de que el narrador sea Luis Majul, se trata de Cantini, que nos mete de lleno en un delirio ordenado, valga el muy porteño oxímoron.  Pero vayamos despacio.  El psicólogo entra en contacto con una mujer muy bella. El lugar del encuentro no puede ser más objetivamente borgeano: la Biblioteca Nacion...

Presente eterno, por Juan Carlos Capurro

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Lo que quizás nos encante de la literatura —esto incluye las telenovelas— sea la capacidad  de encerrar en un espacio acotado una desgracia o alegría precisas, que no nos están ocurriendo. Navegamos, tranquilos, en esas aguas temporarias, en donde lo más importante no es lo que finalmente ocurra, sino que se termina pronto, en comparación con el tamaño de la vida. Nuestra vida tiene esta particularidad: aunque experimentemos algo trágico o maravilloso, una vez que se termina ese episodio, a diferencia de la novela, la vida sigue. No tenemos asegurado un final a plazo, que nos tranquiliza en su inmovilidad, permitiendo que pasemos a otra cosa. Cualquier gran obra, o del tamaño que sea, literariamente hablando, nos lleva de la mano hacia un final cercano: ningún libro dura demasiado y aun su relectura —fuente enorme de placer— tiene el plazo que arbitrariamente le damos. Nosotros, en cambio, en nuestra vida cotidiana, después de amar o sufrir, después de haber gozado o llorado, tenem...