Haikus entrelazados en Rosario, por Juan Carlos Capurro
Hace unos días estuve en Rosario. Me sorprendió su calma, el poder oír el canto de los pájaros y ver el río sin interferencias. Recorrí sus barrancas, que llevan lentamente al que baja, que acompañan pacientes al que sube. Una ciudad llena de luz. Como en el resto del país, también de sombras: pude pasar por sus zonas de pobreza. Los rosarinos no aceptan esas sombras con indiferencia. Las reconocen. No se rinden ante su evidencia. Hacen. En el ambiente del arte me fue revelado un milagro secreto: no hay allí esnobismos, ni tonterías; no hay competencias inútiles. Existe una fraternidad entre los artistas. Hagan lo que hagan. No hay sectas. Todos suman. Todos se entrelazan entre sí. La más elevada forma de confrontar contra este sistema, basado en lo contrario. En esos pocos días tuve la alegría de encontrarme con un gran libro de poesía: “Yo no titulo” , de Guido Martínez Carbonell. Esa serenidad del río que recorre la costa, de sus habitantes, está reflejada en esta obra. ...