EL MANEJO DEL FUEGO (Una mirada sobre el último libro de poemas de María Negro), por Juan Carlos Capurro

 


"Tu hilo de corajes, Ariadna, que no es mucho, pero es todo". Hay algo en ese "todo" que proclama María Negro en su poesía, que no admite ninguna duda.

 

Se puede sentir el dolor, la ausencia, las limitaciones de lo humano, la irreversible sonda de la traición, las fallas del amor, de todas las formas que el amor ofrece, para enfrentar el viento frio de la desolación, para empujar las puertas hachadas, precisamente  (preciosamente) por nosotros, pero no en el  pobre descanso del pensamiento, sino  luchando, porque de eso se trata, porque el mundo de María es el mundo de la revolución permanente.

 

Hay que llegar a casa, sin casa". Sí. Porque con el lugar delimitado de antemano por otros, ajenos a lo que queremos para todos, llegar es llegar a nada. La cifra impar es empujar, sin tenerlo, mientras se está construyendo. Eso es lo que ha permitido que lo humano subsista, luego de todas las incesantes destrucciones de los que ya tenían la casa, poniendo una fosa alrededor de los desamparados.

 

"Ni después de muerta suelta la presa. Ni después de muerta suelta la espada".  Así se sostiene la lucha.

 

Danzar, amar, hacer la casa, llevar la espada, son una única manera de abordar la vida. No sé divide por momentos, señala María.

 

Por eso el fuego. Porque es lo que hace que todo lo anterior, con sus flechas torcidas, conviva en una vida. El calor de los que se quedan a abrigar cuando no hay techo ni lona dónde caer". Lo mejor de nosotros.

 

De lo nacido de ese fuego, que desde que nuestros antepasados lo prendieron por primera vez, no se ha apagado nunca.

 

"Pequeñas llamas que aguardan su activación”, fulmina María Negro, desde la alta montaña en la que puede ver el futuro, es decir, lo que está ocurriendo en este momento.

 

Juan Carlos Capurro

 

 

El fuego que sostiene la mano, María Negro

Editorial Azul Francia, 2025



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