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La maga de la poesía, por Patricia Kolesnicov

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Con la palabra de poder nómbrala y mátala Exactamente eso decía ella, hace treinta y cinco años, en el poema “Para destruir a la enemiga”. Olga Orozco, la poeta, levanta sus párpados sombreados de turquesa y sigue hablando de un enemigo. Pero ahora dice que es el tiempo: “El que te deteriora y te mata”. Y que su tentación es violentar el tiempo. “No sólo me tienta hacerlo retroceder; también hacerlo simultáneo, alternarlo, como si lo venciera. Lograr esto, o intentarlo, es hacer retroceder a la muerte, aunque sea por un momento” Olga Orozco supo del Tarot y las videncias. Daba su pelea con las armas de la magia. “Estaba buscando trascender -dice desde sus ojos verdes- todas las limitaciones: esta realidad que te somete a reglas como las leyes de causa y efecto, como las leyes del tiempo. Trascender este yo, la limitación de ser este yo y ningún otro” Olga Orozco nació en 1920 en Toay, un pueblo de La Pampa, donde los médanos volaban. Tuvo una abuela que le contó cu...

Reunión Orozco, Moro, Yourcenar, Brauner

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'Le ver luisant' Victor Brauner La mala suerte Alguien marcó en mis manos, tal vez hasta en la sombra de mis manos, el signo avieso de los elegidos por los sicarios de la desventura. Su tienda es mi morada. Envuelta estoy en la sombría lona de unas alas que caen y que caen llevando la distancia dondequiera que vaya, sin acertar jamás con ningún paraíso a la medida de mis tentaciones, con ningún episodio que se asemeje a mi aventura. Nada. Antros donde no cabe ni siquiera el perfume de la perduración, encierros atestados de mariposas negras, de cuervos y de anguilas, agujeros por los que se evapora la luz del universo. Faltan siempre peldaños para llegar y siempre sobran emboscadas y ausencias, No, no es un guante de seda este destino. No se adapta al relieve de mis huesos ni a la temperatura de mi piel, y nada valen trampas ni exorcismos, ni las maquinaciones del azar ni las jugadas del empeño. No hay apuesta posible para mí. Mi ...