Roberto Arlt, el japonés impasible, por María Negro
Hace poco tiempo encontré una edición de La isla desierta - Saverio el cruel, por apenas treinta pesos en Parque Rivadavia. No es una edición hermosa, mucho menos prolija. Incluso, al hojear en la penumbra de la tardecita, pude ver que estaba marcada, y eso la volvió más interesante. Arlt como ejercicio escolar, pensé. Y me llevé por un dinero inexistente, el libro, y toda la historia que pudiese encontrarle adentro. Hay algo muy íntimo y hermoso en los libros usados. Una se acerca, no solo al escritor y su obra, sino también a aquel lector, lectora, que pasó por ahí dejando alguna marca. A veces subrayados, a veces dedicatorias, a veces anotaciones apuradas sobre un margen que marca (es imposible que no marque) también nuestra lectura. Otra lectura, duplicada, asistida. Intervenida, como se dice en el arte. Entonces, rescatar a Arlt del cajón de saldos, donde su buen nombre quedaba al alcance de una mesa de saldos, y llevarme con él un libro “intervenido” ya era en sí un h...