Una de las principales virtudes de la información visual sobre la pandemia, es la de ayudarnos a ver la realidad. Estamos en casa. Los niños estudian, pese a todo, ayudados por la computadora. El padre y la madre, inclinados en la mesa, envían sus informes a la empresa o la universidad. Se riegan puntualmente las macetas. Se hace alguna gimnasia. Aprendimos que hay que lavarse las manos varias veces al día. La distancia social, el barbijo (a veces pintoresco), se imponen; algunas incomodidades- es cierto- pero, relativamente, el confinamiento va dando sus frutos. Muchos aplauden al personal de la salud a las nueve. Hay un reconocimiento positivo. También otros, de signo negativo: enojados por su encierro, muchos ciudadanos de los barrios mejor ubicados, manifiestan su cívico descontento por la falta de libertad. Todo está esperando, a su manera, el fin de esta grave etapa. Esa realidad, con sus pequeños matices, en parte nos tranquiliza. Igual leeremos, también seguiremos...