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El silencio de Oscar Wilde, por María Negro

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    Retrato de Inocencio I, Francis Bacon, fragmento “¿Y yo? ¿No puedo decir nada, Su Señoría?” Indican las actas de los procesos a Oscar Wilde que el juez Wills no contestó a su pregunta con palabras, solo hizo señas con la mano a los guardias para que sacaran rápidamente a los detenidos de su vista. El jurado fue disuelto. El tribunal se retiró. El 25 de mayo de 1895, Oscar Wilde, el escritor más reconocido de Inglaterra, era condenado por conducta indecente, como un criminal, por “el amor que no se atreve a pronunciar su nombre”. El amor que no se atreve a pronunciar su nombre se llamaba Lord Alfred Douglas, le decían Bosie, y se reencontró con Oscar cuando este salió en libertad, para separarse poco tiempo después y dejar tras él dos cosas inevitables: un libro que iba a nombrarlo sin decirlo, un hombre que iba a morir en el dolor y la miseria. Hasta 1861, la homosexualidad en Inglaterra era penada con la muerte. A partir de allí, y hasta 1885, con la cadena perpet...

Dimensiones, por Pedro Roth

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      "Ser artista es inevitable. Si puede evitarlo, hágalo." PR   Un escritor argentino de ciencia ficción se inspiró en la idea de la cinta de Moebius que con el simple hecho de doblar un papel transforma algo bidimensional en tridimensional Un día descubre cómo doblarse a sí mismo para pasar a la cuarta dimensión El mundo tecnológico nos enseñó a simplificar y así aprendimos a desdoblarnos para pasar a ser bidimensionales, chatos, tuertos (como decía Federico Manuel Peralta Ramos: chatos, chotos y chetos) eso es la pantalla en todas sus formas y les hemos dado el poder, esa mísera sensación de libre albedrío y ahora sentimos nostalgia por la tercera dimensión. Nos preguntamos dónde quedaron las dimensiones, las profundidades, los abismos, misterios, secretos, sombras. La superficie plana, visión tuerta, es un defecto de la visión que se hace difícil aceptar, como pasar de la tercera a la cuarta, complejizar es avanzar. Ser de dos dimensiones es ocultar tod...

Seis proverbios de fuego, por Juan Carlos Capurro

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    Doble retrato de Federigo da Montefieltro y su esposa Battista Sforza de Piero della Francesca, por María Pinto   I   nunca hay que cruzarse de brazos/ sin consultar/ el libro de los sueños.     II   una alhaja es un vestido rojo.     III   bella como una aguja/ en el fondo de la copa de agua.     IV   una mujer saluda/ desde lejos/ como el avión sin tripulantes en la noche/ envía información a los espías.     V   si hoy es martes/ y ayer fue domingo/ lograr enamorarse es lunes.     VI   la melancolía/ ametralladora que funciona /despacio.     Juan Carlos Capurro   Extraidos del libro "Incendio en el Palacio de Tokio" Asunto Impreso Editor. 2004.