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Pedro y Buenos Aires, por Ana Aldaburu

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  Pedro y su película. Aunque parezca intempestivo, comienzo por un agradecimiento: tenemos que agradecer a  Damián y Matías Roth sus hijos. A Damián  más allá de haber concretado la película,  por su asistencia en todos los sentidos y por su paciencia. A los dos, siempre,  porque tener un padre de 84 años que maquina varios proyectos por día  y que hace todo lo posible por concretarlos y las más de las veces lo logra, no es poca cosa. Es una cuestión de entusiasmo y amor. El arte es un fenómeno urbano. El arte acontece en la ciudad. Y si hay alguien que conoce nuestra ciudad es Pedro Roth. Una camina con él, o va en auto y no para de señalar edificios, te narra su historia, te describe su estilo o la gente que vive o vivió allí, qué episodios, qué historias, qué encuentros o desencuentros…Pedro es la memoria viva de un inmigrante que ha hecho de Buenos Aires su segunda piel, su casa por elección y por afecto. Conocemos las múltiples derivas de esta enorme ...

es la voz primera de la noche de la tierra, por Roberto Ncar

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  es la voz primera de la noche de la tierra     de la estrella es la voz que ordena y quema es la voz que mata es dulce como murmullo en oreja enamorada es agria como la muerte y como la muerte anda por el mundo   gobernándolo todo todo le obedece es la voz que duele la voz del primer sueño Roberto Ncar Imagen: Todas estas estrellas (JCC)

El otro lado del vento, por Juan Carlos Capurro

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  En la famosa plataforma de cine, puede verse la última película de Orson Welles, "El otro lado del viento". Para quienes no conozcan mucho al autor, recomiendo el libro del director Peter Bogdanovich sobre su obra. Welles debutó con una gran película, "El ciudadano". Las siguientes fueron todas muy buenas. Pero la primera opacó, con su brillo, a las siguientes. Ese éxito comercial no fue fácil de igualar en toda su carrera. Esto condenó a Welles a exiliarse, finalmente, en Europa. En su país lo rechazaban por su carácter altanero y su genialidad. Decían que sus proyectos no eran comerciales. Él quería hacer obras de arte y los productores, dinero. Su última película es, en sí, tema para otra película.  La financiación provino del hermano del Sha de Irán. Fatídicamente para Welles, los Ayatollahs sacaron del poder a este señor. Desde entonces se abrió un juicio en Francia para que le dieran a Welles su material filmado. El hermano del Sha quería dinero. Welles aleg...

Los colores de la vigilia, por Christian Kupchik

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  Reflejos biográficos del caos en un ojo dorado Vista desde los límites la destrucción de una ciudad posee la muda belleza de un quirófano abandonado. Las sirenas aúllan entremezcladas como el amor de gatos en algún tejado lejano. El ruido de las nubes flota entre las ruinas mientras la clara noche penetra por las lucarnas heridas salpicadas de bestias astrales. Hay álamos o alerces que caen del cielo -como gotas de metal ardiente- sobre los adoquines cansados. El fuego ilumina los basurales y estoicas columnas de humo elevan sus dedos acusadores contra el insomnio de los zombis. Habrá seguros reproches, estériles imputaciones. Llegarán histéricas las acuáticas encrucijadas, las conspiraciones. Vista desde los límites se sospechan los restos de una tardía fiesta medieval. Siempre es más tranquilizador, menos sinuoso, describir los efectos de la destrucción desde la periferia. Cuando todo haya pasado, cuando el desastre instale su silencio sobre la pastosa boca del vacío, solo allí...

Cortos circuitos, por Marcelo Rubio

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  RESUMEN Cuando la princesa abrió los ojos lo primero que hizo fue mirar su dedo. El pinchazo estaba allí. Observó a su alrededor y aun no había príncipe alguno. Entonces se acomodó y siguió durmiendo. MINICUENTO DEL SR. L Todas las noches después de cenar, el Sr. L, se sentaba frente a la chimenea con una copa de coñac y se dormía. Entonces soñaba que conocía al diablo. Por las mañanas amanecía helado, hecho un ovillo sobre su silla. Se levantaba, acercaba sus manos a los leños agonizantes, y el fuego se encendía sólo. Pobre, tanto soñar para no darse cuenta de que él era, el diablo. POCAS PALABRAS Soñar no cuesta nada, excepto cuando tu mujer entra a la cocina con el crío en los brazos, te mira y dice que hay que pagar el alquiler, y comprar el papel higiénico, y algo de comer. Y te das cuenta de que tus sueños alcanzan para pagar una vuelta más de sueños y poco más… pero para nada de lo que tu mujer te pide SHORT STORIES Lucas soñó que era libre, que los campos eran inf...

La mujer salvaje, por Alejandra Morando

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  Siempre alineada con el viento que permite a los fuegos sublevarse. ¿Hay otra forma para hacerlo? ¿Saben las nubes que el sol no las habita? ¿Las piedras saben que acarician el agua? Contra la voluntad de un dios nacido de la incertidumbre, en su inseguridad desnuda, la mano que esconde la cuna cuida mejor del mundo que ninguna muralla. No se sabe del goce de lo sagrado antes de destruirlo. El alma que vibra en la tormenta la atraviesa. ¿Muerden, acaso, los lobos bajo el agua? Abajo entre los barros  de donde salimos, desde aquel día  en que llegamos, salvaje en la tenacidad que salva, ella canta la canción silenciosa, la de la patria humana. Alejandra Morando Ilustración: La vie, Tsuguharu Foujita (1917)

Las lunas chinas, por Marcelo Rubio

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  Las lunas chinas no pueden ser iguales a las nuestras, tienen un color distinto, una voz más fría. Brillan sobre incomprensibles signos, en cielos lejanos, descansan en collages de humo dulce. Ellas no guardan secreto alguno y confiesan sus deseos a los oídos de un ángel de ojos rasgados y alas de seda y mar. Sueñan con ser inmortales, o vivir en casitas con techos a dos aguas, o con contemplar al mundo desde la cima de las montañas. Hay una que está enamorada de un árbol de los bosques del sur y otra que besa al viento en los jardines otoñales. Y hay más, está la que remolonea en la esquina del horizonte, la que carga sueños de aire, dos azules y una violeta que solo aparece por minutos los días impares. Mientras la vida se les va, pasean su belleza para los pocos capaces de verlas. Las lunas chinas van a morir en lagos de plata, sus cuerpos descansan en cajitas de cañas que ellas mismas decoraron en sus últimos días. La gente del pueblo llora la muerte de cada una, realizan cer...