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El negador de milagros, por Herbert Giles

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  Chu Fu Tze, negador de milagros, había muerto; lo velaba su yerno. Al amanecer, el ataúd se elevó y quedó suspendido en el aire, a dos cuartas del suelo. El piadoso yerno se horrorizó. "Oh, venerado suegro", suplicó, "no destruyas mi fe en que son imposibles los milagros". El ataúd, entonces, descendió lentamente, y el yerno recuperó la fe. Citado por Giles en Confucianism and its Rivals, Lecture VIII, 1915 Antología de la literatura fantástica, Jorge Luis Borges - Adolfo Bioy Casares - Silvina Ocampo (Editorial Sudamericana, 1965) Imagen: Une semaine de bonté, ou Les sept eléments capitaux (A Week of Kindness) , vol. 1, 1934 - Max Ernst

El pedido de Abayomi, por Marcelo Rubio

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  La carta llega desde algún lugar de Oriente, una remisión tan poco clara como el inglés en la que está redactada, y que tiene la misma dificultad que dispusimos al momento de encontrarnos. Abayomi firma al pie de las pocas líneas, antes se despacha con la frase por la que nos conocimos “Es fuerte el sol en esta zona”, así le hablé y el rio. Dijo algo como que el sol siempre es el mismo, la debilidad está en nosotros. Luego agregó que por unos billetes me contaba los secretos de Samarcanda, que él era un gran contador de historias y que solo necesitaba tiempo y dinero para mostrarlo. También me habló de un libro de relatos secretos de distintas ciudades con el que prometía sorprender a la sociedad. Me negué a confiarle que la sociedad no espera sorprenderse con nada pero, entre la torpeza de mi inglés y el calor, opté por callar. Tomé mi valija y caminé por esas calles de Oriente. Abayomi me siguió los pasos, incluso cuando me detuve en busca de un refresco en un puesto callejero....

Remedios Varo, esa mujer

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Poesía en forma de pájaro, por Jorge Eduardo Eielson

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Aquel que siguió sin piedad sus obsesiones más intensas, por Daniel Weber

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En noviembre se cumplieron 30 años de la muerte de Federico Fellini. Cuando se estrenó La dolce vita , en 1960, lo escupieron en la cara, una mujer elegante lo maldijo deseándole “morir ahogado en el mar con una piedra atada al cuello” ; se sumaron escándalos, condenas y acusaciones de todo tipo. Los chupacirios de todas partes aborrecieron la película, y maldijeron a Fellini como a un sátrapa pagano, destructor de la familia.  Pero Federico, nacido sobre el mar, en la provinciana Rímini, que aparece funambulesca en muchos de sus filmes, pero sobre todo en Amarcord , ya tenía toda una trayectoria antes de La dolce vita . A los 20 años huyó a Roma en pleno auge del fascismo; trabajó como periodista, guionista, ilustrador, y estuvo junto a Rosellini en la creación del neorrealismo italiano. En sus primeros trabajos ya asomaban los temas obsesivos: el circo, la religiosidad, las relaciones humanas, la pareja, la seducción. Pero de toda esa pléyade de grandes directores, que fueron sus...

Benjamin Péret, el eléctrico ardor del poeta armado

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Vivir en la Colina, por Christian Kupchik

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  En Mora, Dalarna, vivía una mujer a quien se conocía como la Colina. En un pequeño bolsillo ubicado junto a su pecho izquierdo, habitaba el pintor Zorn. Pintaba unos cuadros minúsculos, diminutas acuarelas. También acostumbraba a grabar unas imágenes aún más pequeñas sobre chapas de cobre. Se sentía feliz al pintar aguas inquietas, la luz del sol y verdes apasionados, así como cuando grababa niños y despreocupadas mujeres que solo pertenecían al agua y al verde. Hacía calor allí, entre los pliegues de piel donde vivía y, en ocasiones, secaba el sudor de las suaves paredes con trapos enormes y multicolores. Un día, la Colina murió debido a una falla cardíaca. Siempre es lamentable que una exuberancia tan floreciente y un calor tan protector sean perecederos. Con los últimos y horribles golpes de su corazón, la mujer arrojó a Zorn al mundo. Y Zorn encontró que todo cuanto lo rodeaba, superficies de metal, ladrillo y cemento, todos los chirridos, los gritos fríos y resonantes formab...