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12 consejos para escribir cuentos, por Roberto Bolaño

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  Como ya tengo cuarentaicinco años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos: 1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte. 2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince. 3. Cuidad la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes. 4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral. 5. Lo repito una vez más por si no ha quedado clar a Cela y a Umbral, ni en pintura. 6. U...

Canciones queridas, Tata Cedrón

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  Tata Cedrón y Daniel Frascoli nos esperan con un repertorio de Canciones queridas, el viernes 4 de agosto 20.30 horas, en Hasta Trilce (Maza 177 - Caba) Entradas por Alternativa Teatral

Pedro Roth, premio nacional a la trayectoria artística

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  Estrella del Oriente saluda a su compañero y amigo, en el día del reconocimiento oficial a su trayectoria. Para nosotros, el Gran Cronopio ya tuvo todos los honores: el de ser amigo solidario en la dificultad; el de comprender el mundo en su complejidad miserable y maravillosa, todo a la vez; el de saber soportar la indiferencia de los necios y los oportunistas. En todas esas batallas ha vencido. Que el Estado lo reconozca no nos sorprende. Quizás deba reflexionar el Estado sobre el sopor que le impidió verlo mucho antes. Para los verdaderos artistas, Pedro siempre fue un Gran Artista. Negro. Aldaburu. Santoro. Capurro

M, por Luna Malfatti

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Febrero, 2029. Tiraste a la basura un peluche de tortuga. Diciembre, 2028.  M. no volvió a contestar tus llamadas y mensajes. Tampoco te abrió la puerta cuando fuiste a visitarla. Te empezó a molestar la mancha borrosa en tu muñeca. Noviembre, 2028. M. publicó en sus redes que estaba embarazada. Te bloqueó cuando le mandaste un mensaje de felicitaciones.  Terminaste la carrera de diseño gráfico. Tus papás te pusieron en contacto con amigos y conocidos, por lo que no tardaste en conseguir un trabajo. Septiembre, 2028. M. te recomendó un departamento no muy lejos de tu universidad. Aceptaste un trabajo como mesera para pagar el alquiler. No aguantaste mucho y renunciaste. Llamaste a M. llorando y te dijo que por unos días podías vivir con ella. El novio de M. era bastante más joven. Te gustaba tocarle las rodillas huesudas por debajo de la mesa cuando comían. Él le contó a M. y ella, antes de echarte, convenció a tus papás de que te ibas a esmerar en la universidad, así que acep...

No se puede matar a la lluvia, por Juan Carlos Capurro

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  No se puede matar a la lluvia. ¿Pero sería posible manifestarle nuestra indiferencia? La lluvia no se enteraría, pero la satisfacción que da el desprecio hace crecer, en ciertas almas, una secreta alegría. No podré dominarte ni tenerte, pero a mí no me importa.  En la novela “El Llovedor” de Marcelo Rubio sucede lo contrario. Un pueblo necesita acabar con la sequía, y entonces, aunque odia la lluvia, como todo amante al amado elusivo, convoca a un extraño experto para producirla. Una vez que entramos en ese pueblo, entramos en su lógica. Una lógica no calculada, por la que terminamos en un laberinto que se presenta, al inicio, como un paseo lineal, llevado por calles inocentes. La magia de esta novela es que nada de lo que esperamos sucede, hasta que ocurre. Cuando ya no lo esperamos.  Lo mismo le sucede a sus queribles personajes, que recuerdan tanto a esos hermanos impasibles del lejano altiplano: nunca sabemos que estarán pensando. ¿Van o vienen? ¿El que hace llover ...

En el altar del Yo, por Juan Carlos Capurro

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  El catedrático de la Universidad de Leeds, Glyn Thompson, asegura que Marcel Duchamp es un impostor. Fue la baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven la que inventó  la primera obra “conceptual” del siglo XX.  Según constancias esgrimidas por Thompson, un año antes de la presentación en sociedad del Mingitorio, la baronesa habría presentado un objeto (caño de baño retorcido) denominado “Ornamento perdurable” - Enduring ornament -, lo que podría ser considerado el primer readymade  de la historia.  ¿Modifica esto la historia del arte? No en lo sustancial. Ya Leonardo Da Vinci decía que la pintura es un tema del cerebro, no de la mano. Cosa mentale . Considerar como novedad lo conceptual no es, en principio, ninguna novedad. Toda obra humana requiere de un plan previo. Es decir, comienza en la mente, partiendo de una materialidad previa, para transformarla. La ejecución puede adoptar las más diversas formas. Sería entonces más exacto decir que la baronesa von Freyta...

Bocetos del mundo que se alumbra, por Juan Carlos Capurro

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  La máquina de detectar lo adecuado no suele pasar por donde crece lo sublime. Ella está ocupada en clasificar. El arte, decía Marcel Schowb, siempre desclasifica. El reciente film realizado por Damián Roth sobre su padre puede confundir a la máquina. La película podría clasificarse como adecuada, pero es una obra excepcional. Uno tiende a sospechar que el propio autor no se haya dado cuenta de la inmensa tarea creativa que ha logrado. Es evidente que hacer un film sobre el reconocido artista Pedro Roth coloca al autor ante una trampa. El personaje, por sus características, desborda la pantalla. Doblemente compleja la tarea, en este caso, al ser el hijo del sujeto de la obra quien la realiza. Durante siete años, Damián grabó a su padre. Lo acompañó en sus viajes. Lo dejó hablar libremente. Y, con gran sensibilidad, lo filmó, muchas veces, sin que su padre lo supiera.  El resultado de esta decisión cinematográfica de estar, sin que parezca, es un acierto. Pedro Roth, polemista...