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EL MANEJO DEL FUEGO (Una mirada sobre el último libro de poemas de María Negro), por Juan Carlos Capurro

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  " Tu hilo de corajes, Ariadna, que no es mucho, pero es todo ".  Hay algo en ese "todo" que proclama María Negro en su poesía, que no admite ninguna duda.   Se puede sentir el dolor, la ausencia, las limitaciones de lo humano, la irreversible sonda de la traición, las fallas del amor, de todas las formas que el amor ofrece, para enfrentar el viento frio de la desolación, para empujar las puertas hachadas, precisamente   (preciosamente) por nosotros, pero no en el   pobre descanso del pensamiento, sino   luchando, porque de eso se trata, porque el mundo de María es el mundo de la revolución permanente.   “ Hay que llegar a casa, sin casa ". Sí. Porque con el lugar delimitado de antemano por otros, ajenos a lo que queremos para todos, llegar es llegar a nada. La cifra impar es empujar, sin tenerlo, mientras se está construyendo. Eso es lo que ha permitido que lo humano subsista, luego de todas las incesantes destrucciones de los que ya tenían l...

¡Santo Domingo, Robin!, por Juan Carlos Capurro

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  O de cómo la novela de Cantini, “El huevo de la yarará”, descubre un nuevo género literario:  el desconcierto salvaje  Todo comienza en Ezeiza, cuando un psicólogo entrenado en el exilio sueco, regresa a Buenos Aires para cumplir con un encargo. El comienzo es tranquilo. El argentino llega al país de sus padres. O eso creía, hasta que luego de unas pocas páginas lo que le va ocurriendo entra en un terreno que, si dijéramos que es fantástico, no diríamos nada. Porque se entra, como en Lewis Carroll, al otro lado del espejo. Salvo que en lugar de conejos enormes y huevos que hablan, acá nos encontramos con todos los problemas de la Argentina.  Por suerte, en lugar de que el narrador sea Luis Majul, se trata de Cantini, que nos mete de lleno en un delirio ordenado, valga el muy porteño oxímoron.  Pero vayamos despacio.  El psicólogo entra en contacto con una mujer muy bella. El lugar del encuentro no puede ser más objetivamente borgeano: la Biblioteca Nacion...

Presente eterno, por Juan Carlos Capurro

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Lo que quizás nos encante de la literatura —esto incluye las telenovelas— sea la capacidad  de encerrar en un espacio acotado una desgracia o alegría precisas, que no nos están ocurriendo. Navegamos, tranquilos, en esas aguas temporarias, en donde lo más importante no es lo que finalmente ocurra, sino que se termina pronto, en comparación con el tamaño de la vida. Nuestra vida tiene esta particularidad: aunque experimentemos algo trágico o maravilloso, una vez que se termina ese episodio, a diferencia de la novela, la vida sigue. No tenemos asegurado un final a plazo, que nos tranquiliza en su inmovilidad, permitiendo que pasemos a otra cosa. Cualquier gran obra, o del tamaño que sea, literariamente hablando, nos lleva de la mano hacia un final cercano: ningún libro dura demasiado y aun su relectura —fuente enorme de placer— tiene el plazo que arbitrariamente le damos. Nosotros, en cambio, en nuestra vida cotidiana, después de amar o sufrir, después de haber gozado o llorado, tenem...

Los bordes de la tormenta, por Gastón Ribba

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El primer capítulo de Pepe Sánchez fue publicado en la edición de El Tony Supercolor de diciembre de 1975. Los simpáticos dibujos de Carlos Vogt y el tono satírico montado sobre el éxito de las películas de James Bond apenas suavizaban la filosa pluma de Robin Wood. Paraguayo trotamundos, hijo de australianos socialistas utópicos, merecedores de la etiqueta "libertaria" que ha usurpado esta manga de langostas. Sánchez era un agente doble cero por los dos aplazos recibidos en la academia de espías y el único título que exhibía con orgullo era el de hincha de Chacarita Juniors, el mejor de todos, el que nunca faltaba a un partido así cayeran ojivas nucleares de punta. Pepe salvaba el mundo en los ratos libres que le permitía su conchabo en una playa de estacionamiento porque en él todavía quedaban algunas cosas importantes: su vieja. sus hermanos, su sobrino, un par de amigos y una tracalada de tíos atorrantes como el que se dedicaba a cultivar cardos en Paso de los Libres y ot...

Un ave empolla el huevo del mundo, por Ruben de León

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  Un ave empolla el huevo del mundo alguien riega el árbol de la horca y otro sin conexión alguna edifica un abismo. Imagen en gestación rectificada hierro líquido. Fuego amargo el recuerdo. El vigía apostado el que mira ¿debe decirlo todo? Ella se torna sola sus ojos irisados un ilusiorio cielo pozo de sombras es. Ruben de León Ilustración: obra de Juan Carlos Capurro, fragmento

Chau, Lynch por Fernando Martín Peña

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  ¿Era argentino Lynch? Claramente no, pero su capacidad para prescindir de los mecanismos racionales explican la realidad como los argentinos estamos habituados a (no) entenderla. Y eso explica que sintamos tanto su muerte. No hay otro artista tan poco lineal como nosotros. No hay más banda. Creo que no se subraya lo suficiente su formación plástica. Su obra saca el máximo partido posible del potencial visual de cine. El color, la composición, la textura, ingredientes destruidos por el uso chapucero de las nuevas tecnologías, eran la savia del arte lyncheano. Y después (mejor dicho, encima) el sonido, su capacidad prodigiosa para sugerir narrativa con un tono bajo y ominoso, con el sonido del bosque, con esa bandeja sonora que tenía la misma potencia de su imaginario. Lo mejor del cine está en su cine. Buñuel pero también la norteamérica profunda, industrial, silvestre y agónica. Sus tiempos, que son los del sueño. Cine onírico en la vigilia. ¿Quién no quiere recuperar en la vigil...

Esa risa traviesa de la luz, por María Negro

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  A los siete años, mi hijo tuvo un grave accidente en uno de sus ojos. En los primeros momentos, uno como adulto trata de ser expeditivo y de colaborar lo posible con los profesionales, y todo se hace en shock, con la realidad cayendo despacio y el miedo, el mucho miedo comiendo desde adentro.  Como no estaba inconsciente, me pidió que les avisase a sus tres amigas. Tuve fuerzas para hablar con una sola de las madres, la mamá de Serena, y con la pediatra de cabecera. La pediatra llegó al hospital en pocos minutos, con un blíster de calmantes para que me acompañasen, a discreción. La mamá de Serena y Serena llegaron un poquito más tarde. Sere traía para Lichi su peluche de dormir, por si algo le daba miedo en la cirugía. Todavía lo tenemos.  La cirugía fue extensa, mucho más si sabemos que comienza desde el momento en que el cuerpo pequeño del hijo abandona la conciencia bajo la anestesia, en nuestros brazos, y entonces el terror tiene otra dimensión, tiene peso, y se le ...

El águila o la piedra, a propósito del nuevo libro de María Negro, por Juan Carlos Capurro

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  Retomar la leyenda griega de Prometeo, pasando por Pompeya, no la de la Roma antigua, sino la del tango de Homero Manzi y la de la cumbia rebelada, —aunque no lo enuncia— es el milagro logrado por María Negro en su nuevo poemario recién editado por Omashu para su colección Allá Dirán: "La traición de Prometeo". " Plegaria de los santitos/   que acarician las piedras/   antes que revolearlas"  Preciosa la imagen, que también evoca, sin tener que decirlo, la existencia de otros santitos, que la acarician... antes de revolearla. En ese entrecruzamiento de lo ple- bello y lo mitológico, el que menos se pone en evidencia es Prometeo. El pobre está consciente de su condena: sabe que hay que sufrir en la tierra. Pero no se entrega, lucha. Y al hacerlo obliga al águila y a la piedra. Entonces María se pone a conversar con la piedra y con el águila. Estas sí que no saben, del todo, qué es lo que están haciendo. ¿O si? O lo saben mejor que Prometeo. ¿O igual?  Arriba de...

Diego Rojas, el cometa extraordinario

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  Estrella del Oriente despide a uno de sus amigos, el gran periodista, escritor, Diego Rojas; fallecido hace unas horas luego de luchar largamente en la espera de un nuevo trasplante. Su obra trasciende el hecho de que haya dejado de estar entre nosotros. Periodista valiente, escritor, militante, redactor de las secciones de cultura de los más importantes medios del país.  Saludamos desde aquí a su familia, a sus amigos, con un profundo abrazo.

La noche, por Jaime Saenz

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  1      Extrañamente, la noche en la ciudad, la noche doméstica, la noche oscura:      la noche que se cierne sobre el mundo; la noche que se duerme, y que sueña, y que se muere; la noche que se mira,      no tiene nada que ver con la noche.      Pues la noche sólo se da en la realidad verdadera, y no todos la perciben.      Es un relámpago providencial que te sacude, y que, en el instante preciso, te señala un espacio en el mundo:      un espacio, uno solo;      para habitar, para estar, para morir —y tal el espacio de tu cuerpo.     2      Pues existe un mandato, que tú deberás cumplir.      en homenaje a la realidad de la noche, que es la tuya propia;      aun a costa de renunciamientos imposibles, y de interminables tormentos,      deberás decir adiós, y recogerte al espacio de tu cuerpo.     ...

El aire que viene del horno, por Juan Carlos Capurro

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  El trabajo colectivo es una tradición histórica del teatro argentino. Fueron los elencos independientes los que permitieron el avance de una actividad que, hasta ese entonces, se caracterizaba por la rigidez conservadora de su propuesta. En esa línea histórica se acaba de estrenar "El horno está para bollos", del colectivo teatral Morena Cantero Jr., que cumple ahora veintiocho años de actividad. Lo interesante de esta puesta es que el elenco mantiene su acuerdo en sólo dos puntos: que el director de la obra sea el muy talentoso Iván Moschner y que cada actor parece desarrollar su aporte, cómo se le da la gana, y por aprobación colectiva, el texto fluye como de su propia intervención. Nace, así, un delicioso merengue escénico donde, en menos de una hora, el colectivo no deja títere con cabeza. En primer lugar, el títere de la hipocresía y la estupidez de los lugares comunes; aún en el ámbito de los que se autoproclaman transgresores. Léase en el terreno de la sexualidad, la...

Poemas botánicos, por Ana Aldaburu

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Todos tiramos ramitas nuevas al vacío. Busco cobijo en el aire. Temblor, encuentro, vigilia. Yo soy mi hiedra. Ramitas incandescentes que el sol no quema vibran, se recortan, tiemblan para vivir. * Cuidar el jardín Alguna vez aprendí a aplastar caracoles. Cáscara ruidosa triturada, moco pegajoso. Es difícil tomar distancia. * Se trata  de encontrar  una forma  que te dé alivio. Una emoción muy leve  que te repare. Corteza y nudos de árbol sufrido. Verdes ramitas que crecen a su pesar. Demanda de la vida, signo sin nombre. * Fantasma inquilino que no deshabita nunca. ¿Se puede nombrar el acecho/la sospecha? El rojo del clorodendro sugiere plenitud fugaz. El abanico verde no alcanza. Siempre vuelve                            la gelatina opaca. Condenados los ojos a un mirar esquivo. Ana Aldaburu - Poemas botánicos y otros  

12 consejos para escribir cuentos, por Roberto Bolaño

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  Como ya tengo cuarentaicinco años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos: 1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte. 2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince. 3. Cuidad la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes. 4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral. 5. Lo repito una vez más por si no ha quedado clar a Cela y a Umbral, ni en pintura. 6. U...

Canciones queridas, Tata Cedrón

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  Tata Cedrón y Daniel Frascoli nos esperan con un repertorio de Canciones queridas, el viernes 4 de agosto 20.30 horas, en Hasta Trilce (Maza 177 - Caba) Entradas por Alternativa Teatral

Pedro Roth, premio nacional a la trayectoria artística

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  Estrella del Oriente saluda a su compañero y amigo, en el día del reconocimiento oficial a su trayectoria. Para nosotros, el Gran Cronopio ya tuvo todos los honores: el de ser amigo solidario en la dificultad; el de comprender el mundo en su complejidad miserable y maravillosa, todo a la vez; el de saber soportar la indiferencia de los necios y los oportunistas. En todas esas batallas ha vencido. Que el Estado lo reconozca no nos sorprende. Quizás deba reflexionar el Estado sobre el sopor que le impidió verlo mucho antes. Para los verdaderos artistas, Pedro siempre fue un Gran Artista. Negro. Aldaburu. Santoro. Capurro

M, por Luna Malfatti

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Febrero, 2029. Tiraste a la basura un peluche de tortuga. Diciembre, 2028.  M. no volvió a contestar tus llamadas y mensajes. Tampoco te abrió la puerta cuando fuiste a visitarla. Te empezó a molestar la mancha borrosa en tu muñeca. Noviembre, 2028. M. publicó en sus redes que estaba embarazada. Te bloqueó cuando le mandaste un mensaje de felicitaciones.  Terminaste la carrera de diseño gráfico. Tus papás te pusieron en contacto con amigos y conocidos, por lo que no tardaste en conseguir un trabajo. Septiembre, 2028. M. te recomendó un departamento no muy lejos de tu universidad. Aceptaste un trabajo como mesera para pagar el alquiler. No aguantaste mucho y renunciaste. Llamaste a M. llorando y te dijo que por unos días podías vivir con ella. El novio de M. era bastante más joven. Te gustaba tocarle las rodillas huesudas por debajo de la mesa cuando comían. Él le contó a M. y ella, antes de echarte, convenció a tus papás de que te ibas a esmerar en la universidad, así que acep...

No se puede matar a la lluvia, por Juan Carlos Capurro

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  No se puede matar a la lluvia. ¿Pero sería posible manifestarle nuestra indiferencia? La lluvia no se enteraría, pero la satisfacción que da el desprecio hace crecer, en ciertas almas, una secreta alegría. No podré dominarte ni tenerte, pero a mí no me importa.  En la novela “El Llovedor” de Marcelo Rubio sucede lo contrario. Un pueblo necesita acabar con la sequía, y entonces, aunque odia la lluvia, como todo amante al amado elusivo, convoca a un extraño experto para producirla. Una vez que entramos en ese pueblo, entramos en su lógica. Una lógica no calculada, por la que terminamos en un laberinto que se presenta, al inicio, como un paseo lineal, llevado por calles inocentes. La magia de esta novela es que nada de lo que esperamos sucede, hasta que ocurre. Cuando ya no lo esperamos.  Lo mismo le sucede a sus queribles personajes, que recuerdan tanto a esos hermanos impasibles del lejano altiplano: nunca sabemos que estarán pensando. ¿Van o vienen? ¿El que hace llover ...

En el altar del Yo, por Juan Carlos Capurro

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  El catedrático de la Universidad de Leeds, Glyn Thompson, asegura que Marcel Duchamp es un impostor. Fue la baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven la que inventó  la primera obra “conceptual” del siglo XX.  Según constancias esgrimidas por Thompson, un año antes de la presentación en sociedad del Mingitorio, la baronesa habría presentado un objeto (caño de baño retorcido) denominado “Ornamento perdurable” - Enduring ornament -, lo que podría ser considerado el primer readymade  de la historia.  ¿Modifica esto la historia del arte? No en lo sustancial. Ya Leonardo Da Vinci decía que la pintura es un tema del cerebro, no de la mano. Cosa mentale . Considerar como novedad lo conceptual no es, en principio, ninguna novedad. Toda obra humana requiere de un plan previo. Es decir, comienza en la mente, partiendo de una materialidad previa, para transformarla. La ejecución puede adoptar las más diversas formas. Sería entonces más exacto decir que la baronesa von Freyta...

Bocetos del mundo que se alumbra, por Juan Carlos Capurro

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  La máquina de detectar lo adecuado no suele pasar por donde crece lo sublime. Ella está ocupada en clasificar. El arte, decía Marcel Schowb, siempre desclasifica. El reciente film realizado por Damián Roth sobre su padre puede confundir a la máquina. La película podría clasificarse como adecuada, pero es una obra excepcional. Uno tiende a sospechar que el propio autor no se haya dado cuenta de la inmensa tarea creativa que ha logrado. Es evidente que hacer un film sobre el reconocido artista Pedro Roth coloca al autor ante una trampa. El personaje, por sus características, desborda la pantalla. Doblemente compleja la tarea, en este caso, al ser el hijo del sujeto de la obra quien la realiza. Durante siete años, Damián grabó a su padre. Lo acompañó en sus viajes. Lo dejó hablar libremente. Y, con gran sensibilidad, lo filmó, muchas veces, sin que su padre lo supiera.  El resultado de esta decisión cinematográfica de estar, sin que parezca, es un acierto. Pedro Roth, polemista...