Las Niñas sin Miedo, por Edwin Gamboa
Ph Sergio A García Cuentan –y no mienten– que en la casa de los hombresmontaña se juntan los elementos para conspirar: un espejo de agua como un ojo dirigido a las nubes, ennegrecido y perdido para siempre, un ojo negro y profundo como el de una vaca; la tierra generosa y cicatrizada de la loma que es hogar y trabajo, memoria colectiva y resistencia; y un cielo abierto, anchísimo, en el que golpea duro el viento y en el que no cesa la sinfonía más bien amistosa de los perros. Por eso dicen que en la casa de los hombresymujeres montaña se domicila el aire, la tierra y el agua; se amalgaman los elementos. ¿Y el fuego, qué papel desempeña en toda esta festividad elemental? El fuego está hecho de la materia de todos los sueños de los de la loma, de las amas de casa, del desempleado, del ruso (nuestro ruso, no ruso como el del mundial sino como el nuestro, el que va a pie contando monedas para llegar a fin de día). El fuego también lo ponen las Niñas sin miedo. Somos ...