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Mostrando las entradas etiquetadas como Elvira Lagos

El agua que suena en las Lógicas Vitales, por Elvira Lagos

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Lógicas vitales se presenta como un libro de poesía a pesar de ser un espejo. Recorren los versos de Fabio Delgado Micán, serpenteantes caminos de un alma particular: el amor, la desidia, la batalla de los cuerpos, atalaya de almas en un continente atravesado por aquella masa de agua que no es sólo el Amazonas. “ Sus zapatos, cansados de rodear la misma huella, se desvanecían en los espejos. ” dice - sin saber sabiendo- como  Yupanqui, que lejos de la Colombia natal de Fabio, cantó que seguir siempre la misma ruta es agotador. Sólo separándose de lo ya transitado, se hará el camino nuevo, aunque el “ santo patrón de la muerte ”, señor no sólo colombiano, siga mordiendo los tobillos de los que decidieron moverse de la foto prevista. La poesía de Fabio es provocadora, inquieta e inquietante. Mece las palabras al ritmo de la agitada prosa de su tierra, que –con voz propia- existe. Busca con delicadeza convertir en imágenes las emociones de quien escribe sentado en un p...

La guitarra y Atahualpa, por Elvira Lagos

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La guitarra, dice Atahualpa Yupanqui, llega a nuestras manos en forma de instrumento. Pero, dice el maestro, hay que aprender a mirarla con otras manos. Así, señor señora. Las manos son las que acariciando la guitarra  podrán ver, recordar en la caricia que la madera fue árbol. Que el árbol fue selva o bosque. Que en la ternura de la madera viva ha latido durante años, muchos años, el vibrar de la música de innumerables pájaros. El señor de las manos terrosas transforma, anima un instrumento que aprendimos a ver en las vidrieras, en los grandes locales de venta al público. La guitarra, dice Atahualpa Yupanqui, no ha perdido su condición de árbol a pesar del proceso industrial. Sigue siendo la lenta espera de los bosques, donde el silencio es un instante colmadito de sonidos. La guitarra, dice Atahualpa Yupanqui, no necesita de grandes e insuperables dones para ser oída. Solo uno debe acercarse, dice Atahualpa Yupanqui, y pedirle casi como en una plegaria chiquita, que nos ay...