BENJAMIN PERET es el único poeta en el mundo al que nunca le importó lo que opinaba su madre. Es difícil hacer poesía en esas condiciones. Uno siempre quiere - seamos francos- que lo que escribe le agrade a la madre. Hasta Jean Genet pensaba en su madre. Macedonio Fernandez recitaba sabiendo que su madre estaba en el ropero de la pensión donde vivía. No hace falta decir para quien escribía Borges. Esto vale para Virginia Woolf y su cuarto de mujer. También para Gabriela Mistral o Alfonsina Storni. No hay problemas de género en este tema.Rimbaud, aún escindido de su todo, llevaba á la mére en la punta de la pipa, para morderla. Pero Peret no. Peret solo escribía para el futuro, para reírse, liberando al inconsciente.. Por eso puso langostas artríticas con luminosos camellos, junto a algunas motocicletas, en lo posible, de agua. Y por eso contagió de un susto a todos sus lectores, que no pueden dejar de leerlo bajo la sombra tutelar de sus madres, siempre severa...