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La mujer salvaje, por Alejandra Morando

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  Siempre alineada con el viento que permite a los fuegos sublevarse. ¿Hay otra forma para hacerlo? ¿Saben las nubes que el sol no las habita? ¿Las piedras saben que acarician el agua? Contra la voluntad de un dios nacido de la incertidumbre, en su inseguridad desnuda, la mano que esconde la cuna cuida mejor del mundo que ninguna muralla. No se sabe del goce de lo sagrado antes de destruirlo. El alma que vibra en la tormenta la atraviesa. ¿Muerden, acaso, los lobos bajo el agua? Abajo entre los barros  de donde salimos, desde aquel día  en que llegamos, salvaje en la tenacidad que salva, ella canta la canción silenciosa, la de la patria humana. Alejandra Morando Ilustración: La vie, Tsuguharu Foujita (1917)

Las lunas chinas, por Marcelo Rubio

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  Las lunas chinas no pueden ser iguales a las nuestras, tienen un color distinto, una voz más fría. Brillan sobre incomprensibles signos, en cielos lejanos, descansan en collages de humo dulce. Ellas no guardan secreto alguno y confiesan sus deseos a los oídos de un ángel de ojos rasgados y alas de seda y mar. Sueñan con ser inmortales, o vivir en casitas con techos a dos aguas, o con contemplar al mundo desde la cima de las montañas. Hay una que está enamorada de un árbol de los bosques del sur y otra que besa al viento en los jardines otoñales. Y hay más, está la que remolonea en la esquina del horizonte, la que carga sueños de aire, dos azules y una violeta que solo aparece por minutos los días impares. Mientras la vida se les va, pasean su belleza para los pocos capaces de verlas. Las lunas chinas van a morir en lagos de plata, sus cuerpos descansan en cajitas de cañas que ellas mismas decoraron en sus últimos días. La gente del pueblo llora la muerte de cada una, realizan cer...

Roberto Plate: Pintar la pintura, por Ana Aldaburu

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  Muy suelto me dice, “Es así,  yo pinto la pintura”. Pintar la pintura es todo un programa, más bien,  EL programa… Así de fácil y así de complejo. Sabemos que ya hace tiempo  el arte autónomo comenzó a reflexionar sobre sus propias condiciones, pero que así sin más Plate sintetice una vocación, un programa, un proyecto conceptual, una vida… Me dije y me digo: si la tiene tan clara ¡no sé qué estamos haciendo dando vueltas sobre su trabajo! Pero así son las presentaciones y hoy les presentamos HOY. Roberto Plate. Buenos Aires, Argentina. París, Francia. Estamos aquí para celebrar lo que sucede, este acontecimiento de este libro, HOY. Hablemos del objeto libro: el cuidado de la edición a cargo de Damián Roth, impecable, el diseño de Winston Vegas, la selección de imágenes, contundente. Me parece que es un diseño  que acierta con ese HOY, esa impronta actual de Roberto en lo que hace, en cómo es. “Esto de lo que nos acordamos hoy es lo más importante” son las pal...

Cuando figuras y números ya no sean, por Novalis

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  Cuando figuras y números ya no sean la clave de todas las cosas y los seres. Cuando aquellos que cantan o se besan, sepan más que cualquier sabio. Cuando el mundo vuelva a la vida libre y la vida libre vuelva al mundo. Cuando la luz y las sombras se unan de nuevo en una perfecta claridad, cuando la historia del mundo se cuente en cuentos y poemas, entonces una palabra única y secreta pondrá en fuga todo el desorden. Novalis, Himnos a la noche Ilustración: Juan Carlos Capurro, Cartografías (fragmento)

Estado de coma, por Santiago Gándara

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  Recomendaciones de martes-quinto día-sin fumar: si os dicen que el título del libro es “Píllale el punto a la coma”, apuesto a renunciáis a cualquier intento. Debe ser el peor título de la historia de la humanidad. Pero si os enteráis de que existe otra versión: “Signos de civilización. Cómo la puntuación cambió la historia” (así aparece en la reciente edición de Esperando a Godot, traducido del noruego por Christian Kupchnik), la cosa os pilla de otro modo. Y flipáis. Su autor, Bård Michalsen, es un periodista e investigador en comunicación. En la primera parte del libro, Michalsen se propone reconstruir la historia de la puntuación: desde los “ interpunctus ” que separaban las palabras pegadas (“ scriptio continua ”), pasando por las “distinctiones” de Aristófanes de Bizancio (para indicar pasajes breves, medianos y largos), las consideraciones del extraordinario Isidoro de Sevilla (quien destacaba la importancia de los signos para aclarar la sintaxis, no tanto la pausa de la l...

Spinetta - Blake, poemas de una misma calle

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El limpiador de chimeneas Cuando mi madre murió yo era muy pequeño. Mi padre me vendió cuando todavía mi lengua apenas podía gritar  la palabra deshollinador. Así que ahora limpio sus chimeneas durmiendo en medio del hollín. Allí está Tom Dacre que lloró cuando su cabeza, que era rizada como el lomo de una oveja, fue rapada. Y yo le dije: "Tranquilo, Tom, no te preocupes, porque con la cabeza rapada, vos sabés que el carbón no podrá arruinar tu pelo". Y así se tranquilizó, y esa misma noche, mientras dormía, Tom tuvo una tremenda visión. Soñó que cientos de deshollinadores, Dick, Joe, Ned y Jack, estaban todos encerrados en ataúdes negros. Y, entonces, vino un ángel con una llave luminosa. Y abrió los ataúdes, y los liberó a todos. Salieron corriendo por una pradera verde, riendo, y se lavaron en el río, y brillaron en el sol. Entonces, desnudos y blancos, dejaron sus bolsos,  subieron sobre las nubes y jugaron en el viento. Y un ángel le dijo a Tom que si se portaba bien lo ...

El campo, la ciudad y el tango, por Enrique Morcillo

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  En el origen de nuestra civilización occidental, un poeta tomó un instrumento musical y cantó. Así, con su lira en la mano, el poeta gestó la lírica. En las ferias medievales un trovador con su laúd  cantaba sus versos a los que iban  a vender y comprar.  En estas tierras, el poema identitario de los argentinos comienza así: Aquí me pongo a cantar al compás de la vigüela.  El Martín Fierro, cuya primera edición data de 1872, tiene por protagonista a un gaucho payador que reproduce en las pulperías la práctica del trovador medieval y del primer vate de nuestra tradición cultural. En 1884 Rafael Obligado publica el poema La Muerte del Payador en el que Santos Vega, legendario payador de las pampas, es vencido por Juan Sin Ropa (Lucifer).  Uno representa el pasado: El Gaucho, Lucifer el progreso.  ¿Qué había pasado? En coincidencia con la primera edición del Martín Fierro en 1872 se produce la batalla de San Carlos, en Bolívar, donde es vencido el C...