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Un caleidoscopio artístico. Todos los rostros de Claude Cahun, por Aglaia Berlutti

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  La Gestapo destruyó la mayor parte de su trabajo y la condenó a muerte. Claude Cahun, la fotógrafa surrealista que alteró las normas de género y reescribió la noción de la mujer en el arte.   Con su mezcla de androginia, autorrepresentación, disfraz totémico e incluso alegoría vivencial sobre los dolores existencialistas de nuestra época, el trabajo de Claude Cahun (seudónimo de Lucy Schwob, Nantes, 1894–1954) resulta inclasificable. La fotógrafa no sólo cuestionó la forma cómo la mujer se percibe en el arte, sino también la percepción de la identidad a partir de la transformación del discurso estético. El resultado es una combinación extravagante, sagaz y profundamente simbólica sobre la transición de la memoria colectiva y la tradición sobre lo femenino hacia algo más duro de asimilar. Con su estilo subversivo y audaz, Claude Cahun logró reescribir la noción sobre la imagen de la mujer en el arte. Y lo hizo con una mirada analítica que sin duda es su mayor logro. ...

Los relatos de Goldini, por Ana Aldaburu

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    Goldini. Así lo llamamos. ¿Hablaste con Goldini? ¿Le preguntaste por la fiebre? ¿Le pediste la receta? Siempre Claudio ahí, con esa voz calma, presente, atendiendo, poniendo reparos, preguntando, registrando. Es el médico de los amigos. El consejo atinado, la pausa, y en caso de una  emergencia, seguro, seguro va a estar ahí. Tan tranquilo, tan metódico parece, quién diría de los infiernos de su inquietante obra visual,  de sus relatos…. Hace algunos años algo había leído... quedé en suspenso… ¿esto escribe Claudio? Y hace cosa de unas semanas, hablamos  largo como siempre y me envía sus relatos.  Y encima me reclama  un comentario… Además aclara  Claudio, quiere comentarios de mujeres. Bueno, aquí van. Hay mucha gente que escribe, que “se” edita, y que te regala sus libros…y somos muchos los que tenemos que recurrir a nuestra imaginación para mentir una devolución. ¿Y si me ocurría eso? La sospecha me ponía loca, qué compromiso. Per...

Hacé como que te importa, por Silvia Dasso

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  Miró la hora y se dijo: me quedan treinta minutos. No podía parar de leer. El texto era complejo, difícil de abordar, requería de un tiempo extra para su asimilación y, tal vez, para una nueva relectura. Se lo había recomendado su profe de filosofía, un interesante intelectual con quien mantenía una relación de profunda admiración. Casi sobre el horario de cierre del supermercado coreano agarró las bolsas, la lista de lo que tenía que comprar y la billetera. Salió con paso ligero y craneando sobre el título del libro: "Olvídese del futuro". Miró los precios; otra vez los estaban remarcando. Se puso de mal humor, las manos le transpiraban. Unas vecinas la saludaron pero ella no les contestó; necesitaba encontrar responsables a tanta inflación. Leyó la lista. No sabía cómo  hacer. Le quedaban 3000 pesos. Era todo el efectivo producto de una indemnización mal arreglada. Con cuatro hijos y separada, mucho no podía discutir. Llenó dos bolsas y se paró en la cola de la única caja...

Mi Mujer de Cabellera de Fuego de Madera, por André Breton

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  Mi mujer de cabellera de fuego de madera De pensamientos de relámpagos de calor De cintura de reloj de arena Mi mujer de cintura de nutria entre los dientes del tigre Mi mujer de boca de escarapela y de ramo de estrellas de última magnitud De dientes de huellas de ratón blanco sobre la tierra blanca De lengua de ámbar y de vidrio frotadas Mi mujer de lengua de hostia apuñalada De lengua de muñeca que abre y cierra los ojos De lengua de piedra increíble Mi mujer de pestañas de palotes de escritura infantil De cejas de borde de nido de golondrina Mi mujer de sienes de pizarra de techo de invernadero Y de vaho que empaña los cristales Mi mujer de hombros de champaña Y de fuente con cabezas de delfines bajo el hielo Mi mujer de muñecas de cerillas Mi mujer de dedos de azar y de as de corazones De dedos de heno cortado Mi mujer de axilas de marta y de haya De noche de San Juan De ligustro y de nido de escalares De brazos de espuma de mar y...

Resistencia, por Pedro Roth

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  La palabra cultura para los occidentales empezó con los griegos. Es lo que nos enseñaron como cultura en la historia del arte. La cultura para los argentinos vino en los barcos, igual que para el resto de los latinoamericanos. Los nuevos dominadores destruyeron la cultura local en una “gesta civilizadora”, convencidos de que todo lo había en el lugar era una mentira que no compartía la “verdad absoluta” de la que estaban convencidos los colonizadores. Los locales no tenían alma, eran casi animales. La religión que traían estaba basada en la estadística, es probable que si acatabas esas reglas te iba a ir bien, leyes sanitarias, conductas de convivencia, no a los excesos, no a los vicios. En general esas conductas religiosas ponían un límite, todo lo que estaba afuera era pecado con sus fusibles como el carnaval por abajo o la aristocracia un grupo reducido “elegido por Dios” por arriba, que tenía autorización para practicar todos los excesos. Las excepciones se castigaban duramen...

De pie ciego y creyente, por Joyce Mansour

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  Quiero mostrarme desnuda ante tus ojos melódicos. Quiero que me veas gritar de placer. Que mis miembros doblados por un peso excesivo Te empujen a cometer actos impíos. Que los finos cabellos de mi cabeza ofrecida Se enganchen en tus uñas curvadas de furor. Que te mantengas de pie ciego y creyente Contemplando desde arriba mi cuerpo desplumado.   (De Gritos)   *   Qué falo sonará la campana El día en que dormiré bajo una manta de plomo Fundida en mi miedo Como la aceituna en su bote Hará un frio metálico y deslucido No haré más el amor en una bañera esmaltada No haré más el amor entre paréntesis Ni entre los labios javaneses de un césped de primavera Exudaré la muerte como una transpiración amorosa Rodeada acosada por las visiones de octubre Me acurrucaré en el lodo.   (De Faire signe au machiniste)   *   Mi cuerpo ha adelgazado Desde el otoño A causa de la langosta marina Que aúlla bajo...

Enrique Rosenblatt, la poesía oculta, por Enrique de Santiago

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  Publicado en Revista Athena Enrique Rosenblatt Berdichevsky, 17 de febrero de 1922, 6 de septiembre de 2009. Fue un poeta muy cercano al grupo Mandrágora. Uno de los colectivos surrealistas más influyentes de la literatura chilena y latinoamericana. Su primer acercamiento con estos poetas, se da primeramente bajo ciertas circunstancias del azar objetivo, cuando tenía 20 años y había comenzado sus estudios de medicina, le fue diagnosticada una tuberculosis, lo que le obligó a guardar reposo en su hogar durante un tiempo prolongado. En ese entonces uno de sus vecinos era Juan Sánchez Peláez, con quien estaba iniciando una amistad debido a que compartían el gusto por la poesía. El poeta venezolano también muy joven en aquellos años estaba avecindado en Santiago por motivos de estudio –Literatura en la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Chile –  ya conocía a los mandragóricos, y en una de las tantas visitas a un Rosenblatt convaleciente, le comentó de las actividades del...