Chau, Lynch por Fernando Martín Peña

 


¿Era argentino Lynch? Claramente no, pero su capacidad para prescindir de los mecanismos racionales explican la realidad como los argentinos estamos habituados a (no) entenderla. Y eso explica que sintamos tanto su muerte. No hay otro artista tan poco lineal como nosotros. No hay más banda.

Creo que no se subraya lo suficiente su formación plástica. Su obra saca el máximo partido posible del potencial visual de cine. El color, la composición, la textura, ingredientes destruidos por el uso chapucero de las nuevas tecnologías, eran la savia del arte lyncheano.

Y después (mejor dicho, encima) el sonido, su capacidad prodigiosa para sugerir narrativa con un tono bajo y ominoso, con el sonido del bosque, con esa bandeja sonora que tenía la misma potencia de su imaginario.

Lo mejor del cine está en su cine. Buñuel pero también la norteamérica profunda, industrial, silvestre y agónica. Sus tiempos, que son los del sueño. Cine onírico en la vigilia. ¿Quién no quiere recuperar en la vigilia la libertad subversiva de lo que inventa dormido? Eso hacía Lynch.

Y lo hicieron inmenso dos singularidades. Una fue su integridad artística. Lo llama Netflix pero él les tira por la cabeza el Episodio 8, que no es otra cosa que el origen del mundo postmoderno. La podría haber hecho fácil pero no, nunca menos. Si no te gusta, no lo mires. 

La otra singularidad es su sentido del humor. El artista que pudo ser el campeón del snobismo fue sus antípodas. Hizo un género propio con la autoparodia a su imagen de artista excéntrico. Por eso se llevó tan bien con Mel Brooks, que produjo EL HOMBRE ELEFANTE. 

Y por todo eso -su integridad, su humor, su imaginación creadora, su audacia- una escena de su malograda versión de DUNA, vale por todas las horas que pueda imaginar el Hollywood sin alma que nos aburre hoy.

Spielberg lo eligió para hacer de Ford en uno de los mayores reconocimientos que un cineasta le hizo en vida a otro. Primero, por detectar el parecido. Y segundo, porque Ford y Lynch son dos caras complementarias del cine yanqui. Esa cosa de la que están hechos los sueños.


Fernando Martín Peña


Extraído de @penafernandomartin

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