Migaja, el vacío y eso que no nombramos, por María Negro

Oscuridad y un silencio inquieto que se rompe con violencia. Un golpe, otro, otro, otro. Rítmico, acompasado, armónico. Los golpes se suceden por un tiempo que se mide en la curiosidad, la desesperante curiosidad del espectador que no sabe hasta allí qué cosa golpea, qué cosa es golpeada. David Muchnik -escritor, traductor y dramaturgo- pone a disposición del lenguaje teatral aquellas herramientas que desarrolló la poética expresionista. Una transformación de la escena, del lenguaje, de los cuerpos, para lograr un punto lejano en la representación: la poética del significante, la poética que precisa de la intervención atenta del espectador para hacerse un cuerpo. El gran sueño es la ausencia del hambre. Pero no se refiere Muchnik solo al hambre del alimento cotidiano, que es en sí un dolor físico y emocional, sino a las hambres, a las necesidades, a las inasibles formas de esa fuerza del vacío que nos oprime. La flagelación, el discurso, la fuerza física de los personajes -...